Caracas… Entre monstruos y serpientes.

AFP PHOTO/LEO RAMIREZ

Recientemente me regalaron el libro Caracas Muerde, por Hector Torres un escritor venezolano. En él, se narran una serie de crónicas caraqueñas relacionadas al malandreo cotidiano y con el que hemos aprendido a vivir. Una de estas crónicas me llamó la atención, creo que por sentirme identificada. El escritor narraba la travesía de una madre y su hija para cruzar la calle (sí, travesía, porque en ciudades como Caracas, ser peatón es de alto riesgo), esquivando motos, carros y autobuses ó como la niña los ejemplificaba, en monstruos y serpientes (creo que no hay mejor analogía que esa). Y aunque el final de la crónica no es nada feliz, y los monstruos y serpientes terminan ganando la batalla, reflejaba la vida del peatón.

Salir a caminar da miedo, no solo por la delincuencia, sino también porque la ley de la selva se aplica a las aceras; cada vez son más estrechas, el rayado peatonal se ha ido borrando con el tiempo, los semáforos son indicativo del “dale que no viene carro” y el rojo y verde se confunden en un solo color, además del tamaño de kioscos y publicidad que inundan las ya tímidas aceras.

Esta mañana al salir de mi edificio, el conserje me dió los buenos días como de costumbre y a esa frase siguió lo siguiente –cuidado, que esa calle es peligrosa, a lo que yo repliqué –claro, la delincuencia, hay que estar pilas- pero en vez de afirmar, me corrigió con un –no mija tenga cuidado con el semáforo, que en esa calle nadie da paso y es peligrosa-. Esa conversación de no mas de unos 20 segundos me hizo pensar que Caracas se ha ido convirtiendo cada vez mas en una ciudad hecha para los carros, y donde los peatones no tienen cabida.

Muchas ciudades han ido educando tanto a conductores como a peatones para que se mejore la movilidad urbana. Ya que las estadísticas no son nada alentadoras, de acuerdo a un estudio realizado por la Organización Mundial de la Salud, cada año, 1,2 millones de personas mueren en accidentes de tránsito y de todos ellos el 90% fallecen en países en vías de desarrollo o países con ingresos medios, y la mitad de los fallecidos son peatones, ciclistas o motoristas. Y es en éstos países donde las campañas y medidas necesarias están ausentes.

De acuerdo a un estudio de movilidad urbana en Caracas, el 80% de las personas son peatones. Sin embargo, considero que al final del día todos nos convertimos en peatones y nos exponemos al mismo riesgo. Es por ello que se deben aplicar campañas de educación vial, que realmente lleguen a los usuarios. Un ejemplo de ellas, son las que se implementaron en Bogota durante el periodo de Antanas Mockus como alcalde, bajo la “doctrina de la cultura ciudadana”. Donde para lograr cambios sociales se aplicaron políticas ingeniosas como la sanción social, que tuvo mayor impacto en las personas que castigos y multas.  En Buenos Aires, durante el 2011, se lanzó la campaña Peatones con el fin de generar conciencia sobre los siniestros en las calles y proteger a quienes transitan a pie por la capital porteña bajo el slogan “tómate tu tiempo” donde incluían representaciones artísticas en las esquinas de los semáforos.

Como economista siempre voy a pensar que todo es un asunto de incentivos, los seres racionales funcionamos a través de los incentivos adecuados, tal vez es momento de premiar en vez de reprimir. Quizás de esta manera dejemos de ser monstruos y serpientes.

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Por el Medio de la Calle 

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